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Veintiséis de diciembre, Alberto despierta y, como todas las mañanas, lo primero que hace es mirar el calendario de su pieza...

El cansancio llega a ser molesto... de depender de Alberto, seguiría durmiendo... siempre fue bueno para "la pestaña". De chico, su madre se veía con problemas para asegurarse que llegara a tiempo al colegio... La abuela era más pragmática, simplemente le sacaba las sábanas...

Mientras se despereza, toma nota mental de las tareas del día. Lo más importante será la sesión de chateo para el análisis con los otros expertos. De hecho, la única razón para apersonarse en la oficina, es que necesita los datos de sus subalternos, y si ellos deben trabajar en día domingo, lo lógico es que Alberto esté ahí, dando apoyo moral cuando menos. Un desayuno similar al del día anterior y listo para salir.

El viaje a la oficina, es más tranquilo que el del día anterior, pero Alberto no permite que sus pensamientos lo distraigan. Llega rápidamente a la oficina, hoy es el primero en llegar, con lo cual asume la responsabilidad de prender la cafetera y de airear la oficina. Mientras está en esto, empiezan a llegar los demás... El más impresionado es Rodrigo, que mira a Alberto y pregunta: "¿Y voh? ¿Te caíste de la cama?"

Alberto ha decidido no tensar más las cosas, desde hace días que Rodrigo presenta síntomas de cansancio y estrés. No es fácil ser un buen amigo y un compañero de trabajo eficiente... Rodrigo ha procurado ser ambos, sin dejar que ambos ámbitos se mezclen... Al menos hasta ahora. Por toda respuesta, Alberto solicita los últimos datos llegados el día anterior y organiza la oficina en función de tener todos los datos ingresados durante la mañana...

Al ir a su oficina, Alberto no puede olvidar la punzada de Rodrigo, es cierto que Rodrigo ha sido su más eficiente colaborador... No sólo eso, es su mejor amigo. Cuando estaban en la Universidad, Rodrigo y Alberto habían evitado formar grupos de trabajo o de estudio. Simplemente eran amigos y no querían que su amistad se viera comprometida por las dificultades académicas. Cuando Alberto estuvo en la cuerda floja, por aquél maldito ramo de cálculo, fue Rodrigo quien estuvo a su lado. Cuando Rodrigo anduvo en la quemada, Alberto le ayudo a salir del problema, más con apoyo moral que otra cosa. Cuando Alberto decidió casarse, Rodrigo fue su padrino de bodas y cuando Rodrigo pensó en hacerse cura por despecho, Alberto lo disuadió. Así, cuando a Alberto se le ocurrió el tema del año 2000, fue con Rodrigo con quien lo comentó y Rodrigo aportó todo sus conocimientos para hacer que el negocio fuese más rentable para ambos.

No fue un inicio de labores fáciles, de hecho fue bastante más complejo de lo que ambos esperaban. En 1994, a nadie, pero literalmente a nadie le había preocupado el tema del año 2000. De hecho, como en los bancos, los créditos hipotecarios siempre fueron de largo plazo, el software asociado podía manejar fechas para préstamos después del 2000, pero nada más.

Cuando Alberto llegó a ofrecer sus servicios, muchos se rieron en su cara... El problemas estaba muy lejos. Así, durante ese año sobrevivieron vendiendo las típicas aplicaciones de software "simple", programas de facturación, inventario y otras aplicaciones chicas y simples. Como Rodrigo era (y es) experto en COBOL, pudieron ofrecer algunos programas de mayor cuantía en algunas empresas grandes. Por supuesto, siempre que podían, pasaban el aviso "nuestros programas son compatibles con el año 2000".

Recién en 1996, el negocio empezó a tomar forma. Un gerente de informática, que venía llegando del extranjero, escuchó casualmente a Alberto "vender" su consabida pomada: "Nuestros programas son compatibles con el año 2000"... El tema caló hondo en el gerente, mal que mal, la casa matriz del banco, le había citado precisamente para tratar el tema. "¡Es necesario ubicar expertos que puedan ayudar a resolver el problema!", le habían dicho, y él sólo había atinado a preguntar "¿dónde?" de eso hacía menos de 24 horas y ahí estaba, en su oficina, oyendo una frase conocida, pero escuchándola por primera vez. Sin querer aparecer demasiado interesado, llamó a Alberto y le preguntó que quería decir con esa frase. Alberto, que gracias a cultivar la amistad de la secretaria, tenía algunos antecedentes de donde había estado el gerente, le despachó en breve, su discurso respecto de los problemas de software que llegarían junto al año 2000. El gerente le pregunta "¿y cómo lo comprobamos?", no podemos rehacer todo el software", ahí surgió, entre brumas una metodología incipiente, que a la larga se transformaría en el único camino relativamente viable para hacer las cosas. A medida que se avanzaba con el proyecto, los otros bancos se enteraron de lo que estaba ocurriendo... y, luego de esperar un tiempo prudente, para evaluar si las cosas iban por buen camino, también buscaron a los "expertos" para llevar adelante las cosas...

No era para menos, Alberto y Rodrigo batieron un récord histórico: Propusieron un proyecto y lo completaron, con éxito, en las fechas previstas... No sólo eso, era un proyecto con un banco...

Alberto es interrumpido, pues se ha establecido la conexión con los demás miembros del comité internacional. La prueba, ha sido un éxito parcial. Mal que mal, quedan problemas pendientes, pero la gran mayoría son rápidamente solucionables por la vía de procedimientos. (Una de las más grandes soluciones, fue no corregir software o hardware, simplemente hagamos las cosas de otra manera, para evitar así el problema).

Los miembros del comité no pueden estar más de acuerdo que la idea de Alberto, de hacer una prueba de Ambiente XXI, en forma masiva, ha sido de alta rentabilidad. Algunos de los problemas, no habría podido ser detectados, ni menos solucionados, sin que se procesaran transacciones internacionales. De hecho, se ha llegado a la conclusión de que cierto país europeo, deberá "quitar" el alcance internacional a sus tarjetas de crédito. La prueba arroja que la única forma de solucionar el problema de ese país, es con una nueva emisión de tarjetas, aunque no hay problemas para que procesen tarjetas de otros países.

La reunión en línea, concluye recordando a todos, que el próximo veintinueve de Diciembre, se efectuará una reunión extraordinaria de la ONU, donde el comité (que es un organismo dependiente) deberá entregar su informe final de preparación antes del 2000, y las recomendaciones para definirlo como un organismo permanente, de asesoría y control de problemas posteriores.

Alberto sonríe, que lejos están los días donde su única preocupación era el software... Cuando se hicieron cargo de más proyectos, descubrieron que no podían deja de lado el hardware... Muchas de las máquinas electrónicas dotadas de componentes computacionales tenían cierta dependencia de la fecha... Habían componentes que reaccionaban de diversa forma a diversas fechas, por ejemplo, procesadores que al colocar el año en "0", quedaban en modo "mantención". Cuando se trataba de un micro ondas o un video grabador, el problemas se soluciona fácilmente cambiando la fecha (cuantos videos tienen la fecha y hora en algo distinto que "parpadeo") o, por último, cambiando el aparato... Pero ¿qué pasa con un satélite? ¿Se mantendrá en funciones? ¿Dejará de funcionar durante un año y luego comenzará a funcionar de nuevo? ¿Se caerá?. ¿Cuántas máquinas tendrán problemas?

Alberto recordaba la primera vez que vio un juego de engranajes funcionando... Aún no cumplía los diez años, y sus padres lo llevaron a hacer un viaje en tren, pero no en cualquier tren... era una máquina a vapor, y el conductor "Sr. Ingeniero", se enorgullecía de su máquina, así que, cuando llegaron a la estación, invitó a Alberto a verla de cerca. Que maravilla había experimentado Alberto. A algunos les pasa cuando miran el cielo, otros frente a un cuadro o escuchando buena música, para Alberto, el éxtasis llegó temprano, frente a aquella máquina maravillosa.

Cuando al poco tiempo después, llegó a la casa de su abuela a pasar las festividades de fin de año, y a hacer el nuevo calendario, decidió decorarlo con dibujos de trenes. La abuela estuvo de acuerdo, hasta que vio como Alberto organizaba los días del año.

Alberto, ¿por qué tienes todos los días en la columna "domingo"? Preguntó la abuela desconcertada. Alberto sólo la miró con esa mirada que sólo los niños pueden dar sin que sea ofensiva, esa mirada de "pero que es tonta Ud., si es tan lógico lo que yo estoy haciendo" y siguió trabajando. La abuela insistió en su pregunta, ¿por qué?, Alberto se levantó y le dijo: "Así, todos los días son domingo y podemos ir a andar en tren más seguido todos juntos..." La abuela se sintió cogida en una trampa... ¿cómo enfrentarse a una lógica tan avasalladora?, ella era la que siempre había recomendado pintar dibujos alegres en el calendario, así los años llegaban más felices...

Sin embargo, y sin saberlo, fue Alberto quien acudió en su ayuda, los dibujos de los trenes, viajando felices por las vías, le permitieron dar una explicación: Así como los trenes no se organizan de cualquier manera, los días de los años tienen que venir ordenados... uno al lado del otro... primero la máquina, luego el carro del carbón, luego los demás vagones del tren. Y deben seguir las vías preestablecidas, no pueden andar libremente por cualquier parte, siguen las vías previamente marcadas...

Alberto miró un tanto incrédulo a su abuela... Le parecía lógico lo que ella decía, pero no le hacía gracia... ¿De qué sirve pintar un calendario, si este no sale como queremos? Antes de darse por vencida, la abuela tomó un antiguo reloj, -de esos que se acumulan en las casas, pero que marcaron su última hora hace años- y le mostró los engranajes: Al igual que las horas del día siguen el funcionamiento de esta máquina, los días del año están predeterminados.

Alberto quiso imaginar entonces, como sería la máquina que controlaba al calendario... En su imaginación el reloj creció hasta alcanzar el tamaño de una locomotora, luego más hasta el de un campanario... Pero en su imaginación, eso era insuficiente para describirlo... Años después viendo "Tiempos Modernos" de Chaplin, tuvo una imagen que diera una primera aproximación a lo que en ese instante imaginó. Y, algún día, él sería el encargado de la máquina y dispondría del poder de reorganizar los feriados y los domingos.

Al describir la máquina a la abuela, ella sonrió recordando a su padre, también llamado Alberto, que fue quien le enseñó a ella a hacer los calendarios... El bisabuelo Alberto también pensaba que el tiempo era controlado por una gran máquina.

El día avanza rápido, en la oficina se trabaja en la presentación que el veintinueve deberá efectuar Alberto ante la ONU. Los datos deben ser precisos y -aunque debieran estar disponibles mediante Internet- en el computador portátil de Alberto debe haber una copia completa por lo que pueda suceder. "Contingencia señores", acostumbraba a decir Alberto, "siempre tengan un plan de contingencia".

Alberto piensa en lo bueno que es contar con un equipo de expertos en comunicación social, y un equipo de diseñadores gráficos. Años atrás, (ni tantos tampoco) habría sido él quien estuviera pensando en cuál era la mejor manera de presentar todo el cúmulo de datos. Ahora, a él sólo le tocaba dar el visto bueno final... Cada vez que recibía un documento para su aprobación, pensaba en la anécdota mil veces contada (con distintos destinatarios) del presidente al que le presentan un discurso, lo lee y lo devuelve con un muy serio "¿Qué se han creído?, Yo no pienso leer esto, ¡vayan y reháganlo!", al cabo de una hora, aparece de nuevo el asesor y le dice "¿ahora si Sr. Presidente?" y éste responde "mucho mejor", sin notar que el asesor le está entregando el mismo texto, pues no hay tiempo para hacer las revisiones del caso.

Durante la tarde, una entrevista para un canal de radio/televisión extranjero le saca de sus pensamientos. Debe repetir las mismas explicaciones que tantas veces ha dado e informar de los pasos y actividades que se han cumplido durante estos meses, para solucionar el problema. El discurso ya no es tan emotivo ni impresionante como era al inicio de la empresa...

Era impresionante escucharlo en 1995, podría haberse estado de candidato a algún puesto político, pero sólo estaba exponiendo aquello en lo que creía: "Se debe prevenir el efecto 2000".

Siendo día domingo, la oficina cierra temprano, antes de las 20:00 hrs. Alberto está en su casa... Se prepara un trago que casi no bebe, habría invitado a Rodrigo, pero lo más probable es que deba pasar una buena temporada antes de que se vuelvan a reunir socialmente... ¡Si se ven las caras todos los días! Y si hay algo que los ingenieros no han aprendido es a no hablar de trabajo cuando se juntan socialmente... Es como una característica o deformación profesional...

Una llamada a la familia en la playa... que agradable es volver a oír las voces familiares... La nostalgia es más de la que Alberto está dispuesto a admitir, incluso ante sí mismo.


27 de diciembre