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Veintisiete de diciembre, Alberto despierta y, como todas las mañanas, lo primero que hace es mirar el calendario de su pieza...

Alberto recuerda que durante toda su vida, el "calendario" familiar se colgó en ese espacio de esa pared... Alguna vez lo comentó con su padre y él le dijo que efectivamente, siempre fue ese, el lugar de honor del calendario... Al bisabuelo Alberto, le encantaba despertar y encontrar ahí el calendario familiar. Luego la Abuela Berta heredó la casa y la tradición, también ella despertaba y miraba el calendario. Mucho tiempo después Alberto heredó la casa y, por supuesto, mantuvo viva esta tradición y dibujaba calendarios con sus hijos, o sino era Ana quien tomaba las riendas y luego de que se hiciera el diseño, ella los bordaba...

Recordaba ahora, con orgullo, cuando su hijo, muy pequeño todavía, reclamó que le habían quitado un día a febrero en mil novecientos ochenta y cinco. Que él estaba seguro de que el año anterior le habían puesto veintinueve días... Tan pequeño y tan despierto... Claro, digno "hijo de su padre", Alberto había sido entendido rápidamente porque mil novecientos no había sido bisiesto y el dos mil si lo sería... (ajustes en la máquina, claro)

Curioso tema el del año bisiesto, rápidamente se descubrió que en la mayor parte del software, los programadores habían considerado que un año era bisiesto siempre y cuando se verificara la división por cuatro, así 92, 1992, 96 y 1996 se validaban como bisiestos y el 2000 también... e incluso el año 0, todas situaciones correctas, pero por error 1900 también lo era. Como todos saben, la tierra no demora exactamente 365 días en completar su ciclo completo en torno al sol, sino que un poco más (cerca de 6 horas adicionales); por ello, para compensar, cada cuatro años se "juntan" estos "restos" y se otorga un día más a febrero. Sin embargo, no es exactamente seis horas, sino que "casi"... para arreglar esa diferencia, cada 100 años no se otorga el día adicional (así, 1900 no fue bisiesto)... como esto todavía no es exacto, cada cuatrocientos año si se hace... de esta forma se corrige con bastante detalle el cálculo y podemos tener la certeza de que, con relación al sol, la tierra se encuentra en su punto de partida... Alberto, como muchos de nosotros, esperaba que no fuera necesario hacer más ajustes, pues así, ya era bastante complicado...

Comentándolo con su abuela, tenía mucho sentido el concepto de la "máquina del tiempo", pues en toda máquina es necesario hacer ajustes de vez en cuando... O acaso su reloj no se adelanta nunca (claro que en ese tiempo no habían relojes a cuarzo).

Con el paso del tiempo, el concepto de Alberto fue cambiando. Luego de ver una película donde aparecían anticuados computadores (de esos que prendían diversas ampolletitas de un panel y movían cintas de un lado a otro, para concluir emitiendo una delgada cinta perforada), Alberto concluyó que la máquina del tiempo, tendría que haberse modernizado, y que si él deseaba llegar a ser algún día el "jefe del tiempo", tendría que conocer esa tecnología. Así, sin más lógica, iniciándose la década de los 80, Alberto ingresó a la Universidad a estudiar Ingeniería, logrando rápidamente la especialidad de "informática", que por esas fechas empezaba a aparecer.

Concluyendo sus estudios, los computadores personales llegaron a cambiar el mundo... Y por supuesto, todos los paradigmas hasta entonces aprendidos... Ya no eran "galpones" destinados a la informática, con computadores enfriados por agua...

Llegaba una nueva era, y Alberto subió rápidamente en ella. Cada vez que recordaba esos tiempos, lo menos que podía hacer era agradecer el que le hubiese tocado vivir precisamente esa época. No fue fácil, ni mucho menos, pero vio más de lo que la mayoría de las personas ve y le tocó ser actor en algunos cambios trascendentales... No "el" protagonista, pero su rol de extra no pasaría inadvertido.

"Lunes otra vez, en la gran ciudad..." habían cantado Charlie Garcia y Fito Paez, y cada lunes el tema era recordado por Alberto.

Al llegar a su oficina, la secretaria le saluda. Alberto le tiene especial afecto, pues se sacrificó junto a él y Rodrigo en los primeros años. Aprendió más de teoría informática de lo que pensó que algún día podría manejar y debió responder en más de una oportunidad a clientes exaltados que veían como pasaba el tiempo y sus proyectos año 2000 iban menos rápido de lo que a ellos les hubiera gustado.

Con esos antecedentes, era difícil que Alberto le hubiera pedido que trabajara el fin de semana anterior, pero ahora ella lo estaba retando... Que si él iba a armar tanto desorden en su bien estudiada organización del despacho, entonces era mejor que le pagara las correspondientes horas extras...

Aún con todos estos antecedentes, a Cecilia le disgusta tocar un computador y, en cuanto a ella depende, lo hace lo menos posible. Claro, la culpa es de Alberto y Rodrigo que en cierta ocasión se rieron a costa de ella, pues supuestamente habría ejecutado algo incorrecto y todo en la pantalla aparecía... "patas pa'rriba".

La broma, de dudoso gusto había sido preparada durante la noche en un equipo que Cecilia tenía, como obligación activar cada mañana... y que permitía la conexión en línea con el resto del mundo.

Pero eso no quitaba que Cecilia fuera una secretaria eficiente y dispuesta a trabajar duro. Pero más aún, era realmente ejecutiva, capaz de tomar decisiones dentro del ámbito de responsabilidades asignado y con una increíble capacidad de adelantarse a los problemas. De hecho, eso estaba informando esa mañana, le recordaba a Alberto que se le había olvidado comprar regalos de Navidad para sus hijos... Que qué clase de padre era...

Alberto, compungido, ya estaba tomando el teléfono para llamar a sus hijos disculpándose, cuando Cecilia agrega que no se preocupe, que ella se encargó... y acto seguido, le da las gracias a Alberto por el hermoso regalo que le hizo a ella, Alberto la mira intrigado y Cecilia le entrega las boletas de compras, lápices de colores, una muñeca y un juego de herramientas de playa, marcados como regalos para los hijos, el libro que Alberto había pensado (¿o es que le dijo a Cecilia que le recordara?) para comprarle a Ana y una botella de un perfume para la propia Cecilia. Por suerte Cecilia no es como Ana... Ana se para frente a una vitrina, hecha una ojeada rápida y señala que es lo que le gusta, lo que curiosamente es siempre lo más caro (aunque, honestamente, Ana no se ha dado cuenta). Alberto no olvidará nunca aquella vez que estaban mirando una serie de lapiceras en una vitrina. Como Ana no especificaba cual le gustaba, Alberto miró buscando la más cara y la mencionó (junto a un alegre ¡esta vez te gané!) Ana la miró y dijo que aquella pluma de $325.000. no la entusiasmaba, que prefería aquella otra de $41.500... Cuando Alberto miró, notó con mucha sorpresa que aquella "linda pluma", costaba la módica suma de $415.000 y eso sólo si era al contado... (¡Ana había triunfado otra vez!)

Pero no podía menos que reconocer que Ana era, junto sus hijos, el centro de su vida... Ella había sabido comprenderlo y apoyarlo, aún sin entender del todo los proyectos en los que Alberto se embarcaba. Alberto suponía que no era fácil convivir con él, mal que mal, él pasaba por periodos en que el trabajo era absolutamente absorbente... Ahora mismo, en vez de estar pasando las fiestas en familia, les había pedido que se fueran a la playa...

En 1994, antes de formar la empresa, Alberto y Ana lo conversaron largamente... Al principio existían muchas dudas, sobre todo respecto de la posibilidad real de éxito de la empresa. Aunque no era probable que -en principio- pasaran por dificultades económicas, Alberto abandonaba una posición estable dentro de una empresa formal. El paso a ser empresario, incluía el riesgo de perder lo invertido. Y eso no era muy agradable. Por otra parte, de ser exitoso, el proyecto iba a absorber a Alberto mucho más de lo que hasta ahora había ocurrido. Alberto había previsto un crecimiento paulatino que explotaría durante el año 1999, si eso era cierto, al llegar el 2000 se podría retirar a una posición mucho más relajada, y viviría de sus rentas, dedicándose de lleno a la familia.

Si el 95 el éxito fue esquivo, el 96 empezó a tomar forma... el 97 ya era una buena inversión y el 98 explotó por varios lados. Todas las previsiones de Alberto fueron insuficientes. En ningún caso el mercado estaba preparado para soportar la avalancha de requerimientos que surgieron de los presagios agoreros de unos pocos en la televisión. Lo que al principio era cosa casi para la risa "se caerán los ascensores", se fue transformando en un miedo al fin del milenio... Miedo de proporciones importantes...

¿Cómo iba uno y le explicaba a la señora que no se preocupara, que su marcapasos no se iba a detener? ¿Cómo tranquilizaba al caballero que, desde la cima de sus años, miraba con desconfianza al oleoducto? ¿Cómo se le asegura a la población toda, que no se va a detener el suministro de agua, electricidad o gas? ¿Qué hacer, cuando los hijos le preguntan a uno, si sus notas del colegio van a desaparecer?

¿Qué más podía hacer, cuando en los programas de televisión, no faltaba el gracioso que sugería que había que ir a la segunda vuelta electoral, pues pasado el 2000, se iban a "perder" todos los votos, o al menos el registro electoral?

Durante 1998, al principio lentamente, luego más rápido, llegó la famosa crisis asiática. No faltó el agorero que le echó la culpa a la proximidad del 2000. Se estaba haciendo lo que se podía hacer y no se dejaron intentos por efectuar... Pero el problema avanzaba más rápido que las soluciones... Y, durante 1999, llegó el momento en que no bastó con el trabajo individual. Se necesitó de una comisión a escala nacional.

El gran momento... Y aún con el país en crisis económica, Alberto y su equipo, lograron que el proyecto avanzara por buen cauce.

Claro que fueron meses de arduo trabajo, explicando una y mil veces los conceptos que podían ser solución al problema. Las ideas iban desde reconstruir programas, pasando por el cambio en los procedimientos, hasta los arreglos tipo "parche", ya fuera la ventana de tiempo (la idea es definir un año de corte, por ejemplo el "30", así todas las fechas con año menor a 30, se interpretan como "20xx" y las superiores, como "19xx"... La idea es simple de explicar, pero la cantidad de código a corregir era descomunal).

Otros sistemas, con menor dependencia de la fecha exacta (principalmente computadores antiguos) entraban en desfase, es decir, simplemente se les atrasa el reloj en, por dar un ejemplo, diez (algunos hablaban de 28 años, pues así asegura que los días de la semana caen cuando corresponden y se respetan los bisiestos) años...

Después de varios proyectos, se concluyó que el mayor problema no era tanto el software... Este, en el peor de los casos, se podía reconstruir... El mayor problema, era el de los datos almacenados... ¿Qué pasa con aquellas instituciones que, por ley deben mantener un registro histórico de, digamos 10 años? ¿Es necesario modificar todos los datos almacenados para que las fechas queden con años con cuatro dígitos?

Surgió así, una tercera alternativa, era la de reconstruir sólo una parte de los programas, aquellos que hacen ordenamientos por fechas o que calculan edades (o cantidad de tiempo transcurrido), y en esos programas, aplicar el concepto de ventana... Con eso, se dejaba una buena parte del software tranquilo, pero por sobre todo, no había que tocar las bases de datos... Al menos, no por ahora...

El teléfono suena, Cecilia le comunica que de la ONU desean confirmar su asistencia a la sesión extraordinaria para el problema "Año 2000". La llamada resulta curiosa, pues todas las reuniones siempre se habían confirmado simplemente por chat.

Al tomar el teléfono, descubre que le habla el jefe de seguridad internacional de la ONU, quien manifiesta su preocupación por los recientes incidentes en los vuelos comerciales... Mal que mal, aún no se han liberado los rehenes del avión secuestrado en Nepal...

Hasta ahora, Alberto no había relacionado ese hecho con su misión, sin embargo, su interlocutor menciona la existencia de intereses económicos transnacionales en la crisis del 2000. La conversación continua estableciendo medidas de seguridad, las dificultades para encontrar pasajes, que no van a haber muchos vuelos comerciales en esas fechas y corresponde extremar la seguridad. Afortunadamente, Alberto tiene reservados y confirmados sus pasajes en primera clase (o como quiera que la llamen ahora) desde hace ya bastante tiempo.

Un segundo llamado le hace olvidar rápidamente el primero... Son sus hijos, quienes le preguntan cuando van a poder estar juntos trabajando en el próximo calendario... Que no olvide que es el calendario "2000", que llevaban varias semanas pensando en que iban a colocar y que esperan que sea su padre quien tome la decisión final. Luego de pensarlo un poco, y debatirlo otro poco con ellos, Alberto toma una decisión trascendental, transfiere a su hija mayor, Mariana, la responsabilidad de dicha decisión... "Desde ahora Mariana, el calendario familiar depende de ti, así como la tradición ha pasado de padres a hijos, llevándola mi bisabuelo a mi abuela, de ella a mi padre, de mi padre a mi, hoy la transfiero formalmente a ti. Y espero que me sorprendan el próximo 31 con un hermoso calendario que nos haga entrar felices al próximo año, siglo y milenio...".

La decisión no ha sido fácil, es una decisión formal y ya no hay pie atrás. Dependerá de Mariana seleccionar cuantas páginas tendrá el calendario y que motivos adornarán cada una de esas páginas... Ella será la responsable de determinar quien hace que cosa en el calendario. Y por lo tanto, de invitar a la familia a jugar en ello.

Rodrigo presenta los últimos borradores a Alberto, quien al dar su visto bueno, dejará todo en manos de los diseñadores... Recordando la anécdota presidencial, decide reunir al equipo para asegurarse de que todo está como él mismo lo desea, pues aunque no les guste, será el responsable de presentarlo.

La reunión les lleva la tarde, los puntos deben ser expuestos en forma breve, pero completa... la filosofía "PowerPoint", esa de "empiece con una broma, luego enumere lo que va a hacer y haga un seguimiento lineal de dicha enumeración" es impracticable, tanto por lo extenso del tema, como por las preguntas que puedan surgir en los delegados... Hay puntos, como el relativo al Arsenal Nuclear, que deberá estar disponible en extremo detalle, pero sólo para quienes estén autorizados a verlo... Y hay que presentarlo de forma extremadamente diplomática...

El primer día de la última semana de mil novecientos noventa y nueve, concluye tarde en la noche... Alberto, nada más llegar a su casa, decide darse un buen baño, comer algo poco (con la televisión funcionando, para no sentirse tan solo) y dormir... Un buen dormir...

El sueño es agitado, surrealista, lleno de imágenes de maquinarias que bien podrían ser el cuarto de máquinas del Titanic, como los engranajes del reloj de un campanario, como una imagen suelta de la ciudad gótica... Los rostros de los operarios están tiznados, como maquinista de tren, y mueven pesadas palancas y de fondo suenan diversas válvulas de seguridad que liberan el vapor contenido en la inmensa máquina...

Pasado algún tiempo, que bien podrían ser segundos u horas, la imagen se disuelve, transformándose en una visión electrónica, tanto producto de la imaginación de Gibson en Neuromancer, o de Disney en Tron... La idea de una ciudadela electrónica, donde en vez de vehículos se mueven cargas eléctricas de datos desde un lugar a otro, siguiendo los intrincados caminos de una tarjeta de circuito impreso, de esas donde la física cambia, quebrándose para siempre el concepto de inercia... Alberto siente que es llevado por esos senderos de luces, como quien viaja en un carro de casa embrujada, que cuando todo parece que vas a chocar con una pared, te encuentras una curva y un nuevo camino que se abre ante tus ojos... Podría imaginar incluso el efecto de un virus computacional, como una especie de fantasma que roe los caminos, haciendo que los datos se descarrilen y sigan vías aleatorias, que seguirán en línea recta hasta chocar con algún otro componente... llegando incluso a atravesarlo, desordenando su interior...

Los caminos son estrechos, las vías convergen hacia un punto central ¿Será la unidad de proceso? ¿Será un dispositivo de memoria? Y más importante, ¿tendrá entrada?... la carga eléctrica sigue su camino y Alberto siente que no hay forma de bajarse de ella. El final del camino está adelante y no hay nada que parezca, siquiera un boquete... resignado se prepara a chocar, cuando la carga, cual vehículo de James Bond, se sumerge en la placa e ingresa a un túnel dorado, probablemente la "pata" metálica del dispositivo... Pasados unos segundos, emergen en el interior del componente, en él, cual danzarinas clásicas, se mueven organizadas las más disimiles cargas eléctricas, todas de diversos colores, cada una sin importunar a las otras... Quien lo mirara desde el extremo superior, podría pensar en esas películas antiguas, de la edad de oro de hollywood, cuando Ester Williams nadaba sincronizada junto a otras 30 sirenas y formaban flores y otras figuras en el agua. También podrías ser un caleidoscopio, hermoso, de cristales de todos los colores y formas...

Y todos parecen buscar una posición, desde la cual saludar a Alberto... ¿un mensaje?... en eso retumba un sonido infernal, las cargas eléctricas huyen despavoridas....


28 de diciembre