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Veintinueve de diciembre, Alberto despierta y, como todas las mañanas, lo primero que hace es mirar el calendario de su pieza... Sólo que esta vez, el calendario no está ahí... de hecho, no es su pieza, no la de su casa... No la de los recuerdos...

Esta en un hotel, y ha despertado con una sensación amarga. Quizá sea la habitación, la falta de costumbre, quizá sea rastros de un sueño olvidado en las prisas del despertar... ¿Cómo saberlo? ¿Qué es lo que le molesta? ¿Qué hace uno con esas sensaciones extrañas?

Alberto hace un llamado rápido a Chile, a su familia. Aún no se ha levantado, quizá la ausencia del calendario le dificulta la acción. Quizá sea el saberse y sentirse sólo, alejado del mundo... O al menos de su mundo.

La diferencia de horas entre Chile y Nueva York, facilita encontrar a la familia despierta, es agradable oír sus voces... Los niños se atropellan las palabras para contarle como avanza el calendario del 2000. Está bonito, huele a mar y a casa... Han decidido una variación de la técnica, "pegar" granos de arena pintados, de manera que la playa los acompañe todo el año... Alberto sonríe cuando Ana le cuenta lo atareados que están, y lo difícil que ha sido conseguir los colores para el calendario... Besos, cariños, el día debe continuar...

Alberto recuerda que esa técnica ya se ha utilizado antes, tal vez la abuela o quizá el bisabuelo... Pero tiene el vago recuerdo de haberlo escuchado, le suena a broma o algo...

Al ponerse de pie, cae el control remoto encendiendo el televisor de la pieza... Desde la ventana, se puede observar la ciudad. El ruido proveniente del televisor le atrae la atención, son "típicos sonidos del computador", tacatac, tacatac, bip, bop, bip... etc. Una película antigua, de esas donde los computadores requerían de una instalación propia, tanto en galpones, como en electrocidad (para alimentarlo) y agua (para enfriarlo). Uno de esos computadores que los profesores de la Universidad utilizan como ejemplo, cuando quieren explicar el sentido del concepto "Bug"... Pues en esos tremendos armatostes, con cableados larguísimos y tubos al vacio, si se metía un "bicho" (bug, en inglés) alteraba el funcionamiento normal del computador, llegando incluso, a producir errores de cálculo.

La película es interesante, y Alberto no siente remordimiento por pegarse unos instantes, también ayuda el hecho de haber despertado temprano, cosa poco usual en Alberto... En la escena que le tiene fascinado, un científico es "raptado" por el super computador encargado de la defensa atómica de USA. El cuento parece ser que, en la URSS hay otro computador similar y entre ambos equipos, deciden que ellos son los verdaderos "seres humanos" a los que deben proteger y que las "unidades orgánicas", están ahí sólo para obedecerlos y servirlos...

El cuento, más de una vez analizado por Asimov, produce un efecto desmoralizante en Alberto... Es él quien ha estado, en el último tiempo, verdaderamente esclavizado por un problema que sólo tiene sentido desde la perspectiva de y en la computación. ¿Será posible, que sin saberlo, nos hayan domesticado? ¿Qué sin que se nos advirtiera, los computadores se comunican entre sí, a través, por ejemplo, de la Internet? ¿Llegará el día, en que al aterrizar la primera sonda alienígena, aparezca un ET y se dirija al humano más cercano, y le diga "llévame ante tu jefe", pidiendo ser trasladado ante la presencia de un supercomputador? ¿Quién manda a quién?

El tema es cerrado rápidamente, Alberto se recrimina a sí mismo: "estás aquí para trabajar y no para pensar en web...s".

Quedan un par de horas antes de la gran reunión, Alberto se ducha y se prepara para tomar un opulento desayuno... El teléfono interrumpe la degustación de unos deliciosos huevos de codorniz...

Rodrigo, desde Santiago, llama con suma urgencia... "Extraño", piensa Alberto, mirando con ansia contenida a sus huevos... "¿Aló?" Saluda Alberto, "¿Qué pasa?"...

La voz de Rodrigo suena inusualmente seria, como si quisiera transmitir, de entrada, que en lo que va a decir no hay posibilidad alguna de broma, va a hablar muy en serio y es mejor que se le escuche con atención. Alberto, en pensamiento fugaz, no recuerda otra situación en que haya oído así a Rodrigo... "Alberto, tenemos problemas, problemas muy serios y graves...", "Dime que ha ocurrido", apura Alberto...

"¿Recuerdas que solicitamos una comisión independiente que verificara los aspectos de protocolos y medios de transmisión?" Alberto hace memoria y recuerda, resultaba virtualmente imposible que una sola cabeza coordinara todos los aspectos relativos al problema del año 2000, al menos no "todos" y en tan corto tiempo. Así, cuando lo invitaron a unirse a la comisión internacional dependiente de ONU (cuya reunión iba a ser esa misma mañana) Alberto insistió en dos puntos básicos, que debían ser resueltos casi "antes" de la primera reunión de la comisión, el primero era el de establecer un "vocero", una persona que tuviese a su cargo la coordinación del trabajo de la comisión y que se encargara de difundir todos los comunicados oficiales; Alberto fundamentó su requerimiento en la necesidad de evitar la propagación de falsos avisos o rumores infundados... Que no se repitiera lo que estaba ocurriendo últimamente en Internet. La comisión encontró sentido en las palabras de Alberto y, por supuesto, otorgó a Alberto tan alta distinción.

El segundo punto a tratar, correspondía a la necesidad de desagregar los niveles de responsabilidad respecto de los estudios que se debían conducir. No había problema en que la comisión recopilara toda la información, pero era necesario que comisiones independientes fueran mandatadas para la recopilación de datos específicos. La mayoría de estos comités, fueron asignados a miembros de la comisión y sus equipos de trabajo, en otras, fue necesario mandatar a destacados personajes del mundo académico y comercial. El problema era de todos y todos debían colaborar para solucionarlo.

Así se formó un comité específico para analizar, por ejemplo, el caso de las lavadoras automáticas, otro para estudiar el problema de los controles remotos, uno más para el análisis de los protocolos Internet. Alberto y su grupo tomaron a su cargo el problema más grande, y donde a la vez poseían el mayor nivel de conocimiento, el ámbito financiero.

Y ahora, con la voz cargada de seriedad y ansiedad, Rodrigo le pedía que lo recordara... Si no había hecho otra cosa desde que empezó a reunir los últimos datos para la presentación interactiva...

"¿Qué pasa con ello?", la voz de Alberto empieza a transmitir un sentimiento de angustia... Será eso lo que lo está aquejando las últimas noches, entre agitados sueños...

"Hubo una demora, cierta comisión específica, consideró necesario repetir un conjunto de pruebas." (Pausa, Alberto no sabe si apurar a Rodrigo o dejarlo seguir a su propio ritmo) "Alberto, ambos conjuntos de pruebas arrojan los mismos resultados." (¡!) "Los componentes tienen un error de diseño, que se propagó a los protocolos", "aunque se corrigieron los componentes, no hay tiempo de corregir los protocolos", parece concluir Rodrigo.

Albero no deja que Rodrigo termine sus palabras, antes de rugir la pregunta que le carcome "¿Qué protocolos? ¿Los de Internet?"

"Peor", responde Rodrigo, con una voz que pretende transmitir la resignación ante lo inevitable... "Los protocolos de transmisión digital de radio y televisión".

Alberto no es capaz de dimensionar el tamaño del problema, es decir, no es capaz de imaginar la forma en que esto va a afectar a la humanidad... Nos hemos acostumbrado a la idea de la aldea global, donde podemos ver y escuchar instantáneamente los que pasa en todo el mundo... Alberto piensa en las veces que los católicos se pegaban al televisor esperando que se eligiera un nuevo Papa. Y que era muy probable que antes de que la noticia recorriera todo el Vaticano, el nombre del sucesor fuera conocido en Santiago de Chile. O en la guerra del golfo, cuando por primera vez los ciudadanos del mundo siguieron desde sus pantallas un enfrentamiento bélico. La tecnología había llegado para quedarse, y ahora nos habría de abandonar...

"¿Cuáles son los pronósticos?" Pregunta en cuanto logra recuperar el aliento.

"No hay consenso", responde Rodrigo, "lo más probable es que ocurra un fenómeno tipo apagón. No sabemos cuando exactamente ni por cuanto tiempo".

"¿Qué probabilidad de error hay en las pruebas?" Alberto pregunta más por hacer tiempo mientras busca un curso de acción que por confirmar que el trabajo se haya hecho correctamente...

Rodrigo, conocedor de la forma de ser de su jefe y amigo, inicia una descripción de las pruebas realizadas, las que son principalmente teóricas, pues ha resultado imposible efectuar una prueba de ambiente XXI, debido a la multitudinaria cantidad de componentes involucrados y, además, por ser necesario que los satélites incorporen su propia firma digital basada en la fecha actual del satélite.

Alberto toma una decisión, es necesario suspender la reunión, es más importante que se estudie a fondo el problema. Una rápida llamada a los miembros de la comisión y les presentan las malas noticias. Alberto propone no dejar a los delegados ante ONU sin ningún tipo de información, alguien deberá realizar la presentación originalmente establecida y alertar el problema de los protocolos de transmisión digital. La tarea se entrega a un destacado ejecutivo de una importante empresa de software, mientras Alberto y los demás se reúnen con un equipo de expertos para entender a cabalidad el problema y establecer planes de contingencia.

Mientras viajan a la reunión, Alberto empieza a redactar la explicación completa que tendrá que exponer ante los delegados de la ONU. Aunque no es fácil, decide iniciar su explicación desde una perspectiva histórica, que habilite a entender el porque del problema.

"El problema es serio", escribe Alberto, "si se piensa en los mismos términos del concepto Aldea Global.", (Maldito término, que ahora nos causas problemas) "Al principio, la única forma de comunicación de larga distancia, era el telégrafo. Sin embargo, éste tenía distancias máximas a cubrir. Pasada cierta cantidad de kilómetros, la señal perdía fuerza, hasta hacerse casi ilegible. Para ello, los responsables del telégrafo idearon el concepto de repetidor, al cumplirse la distancia máxima en que la señal aún era claramente distinguible, se instalaba una caseta, donde un operario recibía la señal proveniente de un lado y la retransmitía al siguiente. Como un esquema de seguridad para evitar complicaciones, se estableció que cada operario, agregara al final del mensaje, la fecha y hora de retransmisión; de esta forma, al final del trayecto, se podía hacer un seguimiento de la transmisión. Si cierto operario se retrasaba demasiado, esta 'cola' permitía identificarlo exactamente."

Al llegar a su destino, a Alberto le presentan a varios doctores que han asumido la labor de estudiar las implicancias del apagón y sus posibles soluciones. El tiempo corre en contra de los presentes, así que se minimizan las formalidades y se inicia el trabajo. En medio de las interminables reuniones, que además resultan agotadoras, por el nivel de estrés allí contenido, Alberto encuentra tiempo de continuar su escritura:

"El protocolo, tomó rápidamente una segunda función, muy importante también. Servía para diferenciar posibles 'ecos' en la línea. Similar al efecto producido al sacudir una vez el extremo de una cuerda, la sacudida 'viaja' hasta el otro extremo y, si éste se haya firmemente sujeto, y nada hace que la onda se detenga, está se reflejará hasta el extremo inicial. La cola del mensaje, permitía al repetidor asegurarse de que el mensaje había sido o no retransmitido por él mismo (y por lo tanto debiera ignorarlo o enviarlo en cada caso respectivamente)."

"El principio, que pasaba desapercibido para el usuario final, se mantuvo bajo el concepto de protocolo de comunicación, cuando se pasó de repetidores manuales a repetidoras automáticas."

Llaman a Alberto, a la reunión se incorporan militares expertos en comunicaciones. No se debe olvidar que fue por interés de las fuerzas armadas, que se desarrollaron los protocolos de comunicación digital. A ellos se les presentan las posibilidades estudiadas. La más popular, es la idea de enviar una orden de aumentar la fecha en todo un año, a cada una de las componentes involucradas, de manera de evitar el apagón. Los militares disienten con la idea, existen ciertos protocolos de seguridad que no soportarían un cambio brusco de fechas. En medio de la guerra fría, se pensó en la posibilidad de que "de alguna forma" se bloqueara la señal. De ser así, los sistemas automáticos de respuesta, lanzarían inmediatamente todo el arsenal disponible en contra de los blancos prefijados. Similar respuesta tendrían si se cambian bruscamente las fechas. Y casi no hay tiempo para bajar los protocolos de seguridad. Nadie pensó que pudiesen provocar algún conflicto y el delirio de persecución atómico, no acabó tan rápido como cayó el muro. Se supone que es posible que los rusos tengan protocolos similares.

La conclusión es evidente, los militares ocultaron información a la comisión, pero ya es tarde para tirones de oreja. De acuerdo a lo informado por los gobiernos con capacidad de respuesta nuclear, todos ellos están trabajando en desactivar ese tipo de protocolos de seguridad automáticos, pero dudan que el trabajo quede concluido antes del 31 de Diciembre.

Se hace tarde, en las calles, la gente se apresura para iniciar las celebraciones anticipadas del nuevo milenio.

En una atestada sala de reuniones, un grupo de científicos, militares y personas de negocios, buscan una solución a un problema más grande de lo que podían imaginar.

Alberto, conocedor de sus limitaciones, y de que piensa mejor descansado, se retira a su hotel. Necesita dormir y tan rápido como se acuesta, se queda dormido...

Tal vez sean sonidos que vienen de la calle, tal vez sea la forma del subconsciente de liberar a sus propios demonios, pero Alberto vuelve a soñar...

Escenas de un invierno post nuclear, propio de algún capítulo de la dimensión desconocida, le hacen estremecer... O tal vez sea sólo que en Nueva York está nevando...


30 de Diciembre