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Treinta y uno de Diciembre, Alberto despierta y, como todas las mañanas, lo primero que hace es mirar el calendario de su pieza... Por un momento, se preocupa de no encontrarlo allí, ya son dos mañanas seguidas en que el calendario le ha hecho falta... mucha falta... No puede olvidar tan fácil la sensación de amargura que le invadió al no encontrarlo... porque fue esa la razón ¿no?...

El calendario está allí, muestra un hermoso Diciembre, la familia de Ana celebra "Navidad", en su más profundo sentido católico, una Navidad, donde casi no hay regalos, sino un profundo sentimiento que une a la familia... El 6 de enero, al llegar los reyes al pesebre, es cuando se reparten los regalos entre los miembros de la familia... La tradición, muy poco difundida en Chile, tiene varios efectos secundarios, siendo uno de ellos, que en el Calendario, el mes de Diciembre no lleva las imágenes acostumbradas de "Blanca Navidad" o de "Arbol de Pascua", muy por el contrario, el calendario familiar se adorna con una imagen muy de inicio del verano, en la que siempre, en alguna parte, aparece un pesebre...

La crisis de las comunicaciones está controlada, la idea de Cecilia realmente salvo el día anterior. Eso quiere decir que hoy será un día bastante menos agitado...

Mientras toma su típico desayuno hogareño (leche con café y un sándwich de queso) hace una revisión rápida de la agenda. El día ha sido declarado feriado, pero en "Alberto y asociados", saben que sólo cuenta para pedir días libres más adelante... y todos esperan que no sea "mucho" más adelante... A mediodía llega la familia, y eso quiere decir que será una muy merecida tarde en familia... Y mañana el próximo año, siglo y milenio...

Viajando a la oficina, Alberto escucha las noticias, en diversas partes del mundo están en medio de la fiesta de víspera del 2000. Hay países donde la celebración lleva ya más de dos días (¡que envidia!), Y esperan que siga hasta el lunes o martes... Eso es vivir la vida despreocupadamente.

Al llegar a la oficina, el ambiente está bastante relajado... El 2000 ya debe haber empezado a llegar a las costas de Oceanía, pero eso no es importante aquí.

Rodrigo informa el estado actual de las cosas. Los últimos datos, pasada la medianoche, indicaban que las estaciones de televisión han suspendido la mayoría de los programas del tipo "siguiendo la llegada del 2000", y se han reemplazado por programas que van desde los resúmenes de "lo mejor del año" hasta "la última parranda del siglo" donde todos los presentes están en una fiesta a todo dar, y los famosos envían sus saludos y buenos deseos para el próximo año.

Las autoridades informan que la población está tranquila, que los problemas de comunicación no han afectado la paz espiritual de la gente.

Cecilia, que a todo esto ha sido elegida "el personaje del año", por sus compañeros de oficina, anda de un lado para otro, medio celebrando su designación, medio haciendo su trabajo. Es un hecho de que la vida continúa y en "Alberto y asociados", hay varias tareas que cumplir en este día.

Cuando Rodrigo deja la oficina de Alberto, entra Cecilia saludando con un jovial "¡Hola Jefe!".

Alberto se levanta, muy serio se dirige a ella, que lo mira con extrañeza. Cuando Alberto está a su lado, la abraza, la levanta en el aire al tiempo en que la felicita por tener la suficiente cabeza como para ver aquello que nadie más fue capaz de encontrar.

Cecilia, alegre, le informa de los últimos antecedentes en los otros proyectos, mal que mal la oficina no sobrevive sólo con las crisis internacionales, son los pequeños problemas de las empresas aquí en casa, las que aportan la mayor parte de los ingresos.

Afortunadamente, un equipo bien constituido es capaz de cumplir sus misiones, casi sin necesidad de estar controlándolos.

El resumen de Cecilia da un paseo por los principales clientes y los distintos estados de avance. Al escuchar los nombres, Alberto no puede evitar los recuerdos... Sobre todo el de la primera reunión con, el que hoy es, su principal cliente...

La empresa no había surgido exitosamente, de hecho casi pareció que nació para ir al fracaso. Sin embargo, gracias a la amistad y confianza de un ex compañero de Universidad, Alberto pudo acceder a dictar clases en una Universidad privada. Como profesor por horas, dedicaba sus tiempos libres y oportunidades de dictar charlas a promocionar su idea... ganó fama de ave de mal agüero al pronosticar los grandes problemas que se acercaban e incluso tuvo algunos encuentros verbales con otros académicos al señalar que temas de importancia, como la Reingeniería o Calidad Total, estaban desapareciendo de las publicaciones especializadas, eclipsadas por los problemas del bug del milenio...

Antes de que surgiera su primera gran oportunidad, hubo una ocasión que les dio para soñar. Uno de sus exalumnos, llegó a cierta empresa y convenció al gerente general de tener cuidado con este problema. El gerente, no muy convencido, se contactó con Alberto y le invitó a una reunión.

Alberto utilizó todos los trucos aprendidos en los años anteriores y dictó una clase magistral sobre el tema, el discurso de su vida... indicó no sólo los problemas del software, sino que hizo su propia evaluación de las dificultades que podrían presentar todos los aparatos que cuentan con un procesador computacional, desde videograbadores, lavadoras automáticas y Microondas... Mencionó los estudios que demuestran como fallarán los satélites artificiales, e incluso el problema de las cajas de caudales que tienen un procesador que controla su cierre y apertura... En pocas palabras, asombró a su interlocutor. Tanto así que el caballero decidió darle largas al asunto... ya aparecería una solución que no requiriese de contratar a este caballero tan agorero.

Claro que un par de años después, se dio cuenta que, de todas formas, necesitaba del apoyo de "Alberto y asociados". Entonces el contrato significó una inversión un poco mayor de lo originalmente conversado. Pero se transformó en uno de los clientes principales.

Según Cecilia, el proyecto de este cliente, culmina esta tarde.

Concluido el informe de los otros proyectos, que más pronto o más tarde están llegando a su fin, Cecilia informa de las restantes actividades para el día. Al mediodía hay un asado familiar con todos los trabajadores de la oficina. Luego, en la tarde salvo quienes están de turno, se podrían retirar temprano...

Suena el teléfono, Cecilia contesta y en su cara aparece su típica mueca de cambio de planes... Baja el auricular e informa: en el gobierno están reunidos para el último análisis nacional. Están con la comisión y preguntan si tu podrías asistir. Calculan que tipo 11:00 y no debiera durar más de dos horas... Podrás estar de vuelta al asado pasada las 13:00... ¿te parece?

Alberto no está muy convencido, no olvida que la última vez que partió a una reunión, le amargaron el día. Sin embargo, había asumido responsabilidades de nivel nacional, y no es de los que abandonan así como así sus compromisos.

Asegurándose de que le guarden una porción del asado, aún cuando se atrase, parte al palacio de gobierno.

La reunión resulta más ejecutiva de lo que Alberto pensó. Cuando le toca su turno, resume rápidamente lo que presentó en el informe ante la ONU, señalando que, establecido el plan de contingencia al problema de las comunicaciones y luego de todo el trabajo realizado, no se cree posible que quede alguna máquina que, una vez llegado el año dos mil, vea el "00" de los dos últimos dígitos y piense que estamos en mil novecientos.

Al final la reunión se concluye agradeciendo a Alberto su tiempo y disposición... (¿?) Y se cita a los presentes a una nueva reunión los primeros días de enero, para la evaluación final y cierre del proyecto (al menos en su primera etapa).

Al volver a la oficina, salvo quienes están de turno, están dedicados a los últimos preparativos del festejo... No es para menos, es el último asado del año, la década, el siglo y el milenio... (se arma al fondo la eterna discusión al respecto, que no, que este año no, que el próximo año si)... Alberto sonríe, el equipo ha logrado sobrevivir hasta ahora, y salvo intervención divina o monetaria, no es probable que se separen fácilmente.

Al asado se unen los familiares de todo el equipo de trabajo, a Alberto le preocupa, en particular, su familia que viene viajando desde la playa a la capital... ¿Será tan terrible como el viaje hacia la costa? En la radio se informa que el viaje Santiago - Viña toma, aproximadamente 5 horas...

El dos mil ya debe estar llegando a China y el lejano oriente. En el patio donde se celebra el asado, a nadie parece importarle y no va a ser Alberto quien les devuelva al ámbito laboral... Cuando se trabaja, se trabaja y cuando se celebra, se celebra... Es una lección aprendida muchos años atrás...

Termina temprano y se dirige a su casa, al llegar las luces y voces le indican, de manera indudable, que su familia está de regreso... El reencuentro es celebrado por los niños, quienes le muestran al papá todos sus trofeos playeros (caracoles, piedritas, etc.) y, por supuesto, someten a su consideración el nuevo calendario dos mil...

Este calendario, es una verdadera obra de arte. Ha sido tratado por diversas técnicas plásticas, para crear algo más especial que de costumbre. Fue dibujado por los niños y a continuación se le aplicó una verdadera capa de arenas de colores, que le dieran ese colorido y texturas especiales.

La imagen elegida por los niños, es absolutamente propicia para recibir el nuevo milenio. Un amanecer, iluminando el mar desde la montaña. La imagen transmite la emoción de un nuevo comienzo.

Durante lo que resta de la tarde, Alberto juega bastante con los niños, toman una radio de onda corta, pero no logran identificar estaciones donde estén celebrando el 2000. En fin... El año nuevo ya debe haber llegado al oriente medio.

El día ha sido agotador para todos y Alberto propone que se acuesten temprano para dedicar todo el día siguiente a la familia... La familia se dispone para una comida temprano... los tradicionales sándwichs son desplazados por un pavo. Alberto propone que saquen la loza de lujo y las copas de cristal. No todas las noches uno despide un milenio...

Cuando Mariana pregunta si el milenio es ahora o el próximo año. Alberto le cierra un ojo, y le responde: "No importa, total el próximo año lo celebramos de nuevo"... Mariana queda satisfecha con esa respuesta y parte a buscar los platos finos...

El año nuevo debe estar llegando a Madrid...

La comida transcurre tranquila, sólo quiebra la calma, el sonido de los fuegos artificiales que los vecinos lanzan en las calles.

Antes de acostarse, la tradicional ceremonia del cambio del calendario. Este año, será Mariana quien lo cuelgue en el sitio de honor, después de todo, Alberto le ha transferido a ella la misión del calendario.

En el lugar de honor, el calendario parece brillar con la luz de su propio sol del amanecer... Seguro que por eso, fue que el bisabuelo eligió ese lugar como es sitial de honor...

La noche se acerca y todos se van a dormir con la esperanza puesta en el día siguiente.

Alberto vuelve a soñar... un sendero, no, un camino, no, una vía, si, una vía férrea... Alberto viaja en un carro por una vía férrea... Pero no, es algo más... más grande, más bullicioso... El sonido rítmico del paso de las ruedas por las separaciones entre los rieles, habla de algo más pesado...

Al volver la vista, se encuentra con un señor mayor, al menos, bastante mayor para él, que sólo es un niño...

El hombre lo mira y le dice: "A ver si te apuras con el carbón, la máquina no se puede detener"... Alberto mira más atrás y ve un carro lleno de carbón... al volver a girar la vista, se da cuenta que está a bordo de la locomotora... Y no va de pasajero. Es el encargado de alimentar la máquina, ésta no se puede ni debe detener...

Alberto agarra una pala desproporcionadamente grande, aún para un adulto, con dificultad se sube en el carro del carbón y empieza a palearlo hacia el fogón abierto de la máquina... Es una de esas viejas máquinas a vapor, pero una de esas grandes... y el fogón le mira con hambre.

Alberto continúa paleando. El trabajo lo agota, pero el conductor, aquél hombre grande, con una cara ligeramente familiar, -aunque Alberto juraría que nunca lo ha visto- le apura y le apura... Es necesario más carbón, la máquina no se puede detener...

Mientras Alberto sigue en su labor, su consciencia se separa y mira como la máquina devora la vía... es una máquina hambrienta, y lo mismo le da atravesar un puente que introducirse en un túnel... El camino no guarda secretos para la máquina, que confiadamente continua devorando y devorando las vías...

Alberto no soporta el calor. Ahora está al lado del fogón, debe asegurarse de que la máquina "no se atragante", que el carbón se consuma en forma pareja... que no se apague la llama de vida de la máquina...

Como la máquina devorando vías, así pasa el tiempo devorando la vida... dice el conductor con una mirada de filosofía barata...

Ya está Alberto sobre el carro de carbón... El trabajo continua... Hasta que Alberto no resiste la tentación... y salta hacia un lado...

La última imagen de la locomotora, alejándose, le reconforta... se ha bajado del paso del tiempo...

En la cama, Ana mira a Alberto, aparentemente se ha calmado... mejor, se acerca la medianoche y ella espera que ambos puedan descansar y retomar su vida normal... Aquella al lado de sus hijos... Si Alberto hubiese visto las caras de los niños cuando se les ocurrió colocar arenas de colores en el calendario... Seguro que se habría divertido como niño... seleccionando arenas para cada espacio del calendario... Y luego preparando la cola fria...

Quedaron manchados de pies a cabeza, pero valió el esfuerzo... Todos lo habían notado, Alberto derramó unas lágrimas de orgullo...

Ana se recuesta y se duerme...

Alberto, a su lado, tiene una idea fugaz, algo que no consideró... No importa, mañana será otro día... ya habrá tiempo...


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Primero de enero, Alberto despierta y, como todas las mañanas, lo primero que hace es mirar el calendario de su pieza...

Al ver el hermoso amanecer que da inicio al año dos mil no puede evitar sonreír... Se levanta y se dirige al recipiente con agua, toma un poco, se moja la cara y, a continuación, se acerca al lado de la cama de su esposa, le hace cosquillas para despertarla y le dice:

- ¿Fin? -